Por Valeria Ysunza

Pobreza, multitud, basura y contaminación… Son algunas de los rasgos que acompañan al tráfico y al caos urbano de megalópolis de países en “vías de desarrollo”. Dentro de este grupo, existe un país en el que sus grandes ciudades sobresalen por algunas peculiaridades: vacas en medio de las calles, que son esquivadas por el zigzagueo de los tutuks (moto taxis) y de los aventureros peatones que logran cruzar las avenidas llenas de smog. Además, es un país de contrastes por sus sabores y olores, y por su enorme diversidad cultural y religiosa; sin olvidar la intensidad de tonos que lo pintan, como la de los saris de las mujeres, mostrando una infinidad de colores únicos que parecieran nunca repetirse ¿Sabes a cuál país nos referimos?  Todas estas características descritas y muchas más hacen que la India posea una variedad de paisajes coloridos que recrean increíbles postales sensoriales para los viajeros.

Dentro de esta gama, hay cuatro colores que destacan en las fachadas de las principales ciudades del estado de Rajastán, al noroeste de la India. Udaipur, la Ciudad Blanca; Jodhpur, la Ciudad Azul; Jaisalmer, la Ciudad Dorada; y Jaipur es conocida como “la ciudad vieja” o Ciudad Rosada.

Esta última ciudad rajastaní es la capital del estado, siendo la más extensa y poblada (con casi cuatro millones de habitantes); y cuenta con una red del metro (la sexta del país) que sinceramente, al recorrerla, no nos esperábamos. Pero dejaremos la modernidad a un lado para iniciar nuestro viaje narrativo a través de los secretos de sus viejas fachadas y de sus alrededores llenos de historia.

La fundación de esta ciudad, en realidad, color salmón –que representa la suerte en Rajastán- data de principios del s. XVIII. La belleza de la influencia mogola se aprecia principalmente en el interior de sus lujosos palacios, entre los cuales resalta el complejo del Palacio de la ciudad, donde todavía residen los gobernantes de Jaipur, y está conformado por Mubarak Mahal –“la casa de los invitados”- y el Chandra Mahal – el palacio privado.

Además del color salmonado de sus fachadas, como la del destacado Mawa Mahal –“el palacio de los vientos”, con sus 953 ventanitas- llaman la atención los elefantes esculpidos a lo alto de los edificios, así como los sociables y urbanizados macacos, que son una plaga por toda la ciudad. ¡Son muy curiosos y estarán muy dispuestos a arrebatarles la comida si se encuentran un poco distraídos!

Jaipur aparenta ser una ciudad más antigua de lo que realmente es. Está trazada con base en la doctrina hinduista Vastu Shastras, que conforma el tratado de Shilpa Shastra -“la ciencia de artes y artesanías”-, la cual reguló el diseño arquitectónico de muchas ciudades indias, dividiéndolas en nueve cuadrantes con anchas avenidas, en las que su comercio, distribuido en bazares, está claramente clasificado: ropa y calzado, , ferretería, artesanía, mecánica, artículos de cocina y telas, entre otros. Las mujeres no se dan abasto en estos últimos pasillos ante la diversidad de opciones para comprar su sari (“tira de tela” en sánscrito), la tradicional vestimenta que usan a diario. Los hay de todos los precios, texturas, calidades y para todas ocasiones. Los saris son portados las mujeres casadas en Bangladesh, Bhután, India, Maldivas, Nepal, Pakistan y Sri Lanka. Desafortunadamente, como en muchas otras partes del mundo, estos lindos colores cubren la desigualdad y discriminación en la que viven muchas mujeres.

A once kilómetros de la ciudad, se encuentra el impresionante Fuerte de Amber. Aprovechamos nuestra estancia para dedicarle un día entero y recorrer cada uno de sus rincones, a través de los pasadizos que conectan los secretos guardados de los cuartos en los que la contraluz ambienta los misterios escondidos. Si lo visitan, déjense perder por los pasillos que comunican a salones abiertos -en los que los trozos de espejos reflejan la luz en las paredes con destellos dorados y plateados- por los que se paseaban las princesas llenas de lujos… ¡Pero esos son tiempos pasados! La realidad de muchas mujeres en la ciudad actual es otra.

En Jaipur no todo es color de rosa y tú puedes ayudar a cambiarlo. Detrás y frente a sus espléndidas fachadas -aunque algunas un poco abandonadas- la desigualdad de sus castas y la pobreza se esconden en las casas, pero también se reflejan en las calles. Hay niños huérfanos y otros en condiciones muy precarias; así como muchas mujeres que no viven como princesas, que desean ser escuchadas y tomadas en cuenta para decidir por el futuro de sus vidas. Por eso te invitamos a que, con tu participación, en algunos de los programas de voluntariado que hay en esta ciudad, ayudes a construir una ciudad más igualitaria y colorida para las mujeres y los niños que la habitan.

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