Por: Armando Mixcoac Los seres humanos y los animales que habitamos el planeta Tierra nacemos libres. En la práctica, por desgracia, esta afirmación no es del todo cierta. Muchas personas viven en condiciones de carencia que limitan su vida; y una importante cantidad de animales son cazados, asesinados o capturados en todo el mundo. Una especie sumamente afectada por esta caza ilegal en México son las aves silvestres. Algunas personas piensan que tener a estas aves capturadas en jaulas harán de ellas un valioso elemento decorativo en sus casas. Incluso hasta les enseñan a hacer trucos, las vuelven amaestradas para que jueguen con una pelota o vuelen en una dirección específica; estas destrezas en ocasiones las aprenden a la fuerza, a través del maltrato. Pero un pájaro no debe estar encerrado: por algo tiene alas, para volar por los cielos, para postrarse sobre las copas de los árboles, elevarse y gozar de su libertad. Para buena fortuna de estas especies y de los ecosistemas y hábitats en general, existen actualmente muchas asociaciones que se dedican a recuperar a los animales víctimas de la caza ilegal, los atienden cuando presentan daños físicos y posteriormente buscan su reintegración a la naturaleza. Cuando esto no es posible—en el caso de que sus alas hayan sido mutiladas y no puedan volver a volar— las mantienen resguardadas y procuran que el resto del tiempo que les queda lo vivan en las mejores condiciones posibles. En el estado de Veracruz, cerca de las costas del Golfo de México se ubica la Reserva de la Biósfera Los Tuxtlas: un área protegida por el gobierno federal mexicano desde hace veinte años. En ella habitan muchos animales, especies de flora y conviven diferentes comunidades de personas. En sus 155 mil hectáreas —abarca varios municipios del estado de Veracruz— hay hasta ruinas arqueológicas de las culturas olmeca y teotihuacana, enclavadas en la profundidad de la selva. A pesar de la protección que el gobierno le ha dado a Los Tuxtlas, sigue habiendo cazadores furtivos, por eso es de suma importancia que la sociedad civil y las autoridades trabajemos juntos para evitar estas acciones que no sólo repercuten en los animales, pues cada vez que una especie animal desaparece de este planeta, el daño es para todos los que lo habitamos. Las guacamayas pertenecen a la familia de los loros, su tamaño y la extensión y colorido de sus plumas las hacen unas aves majestuosas, de gran elegancia. Son exclusivas de Latinoamérica y, precisamente debido a la caza y al cautiverio, algunas subespecies (nueve para ser exactos) han desaparecido. No podemos permitir que esto continúe, por eso en Nomad Republic te invitamos a que viajes a Veracruz, vivas dentro de Los Tuxtlas y te sumes al programa de reinserción de guacamayas rojas a uno de sus hábitats naturales que les fue robado por más de cuarenta años. Vivirás en un lugar ecológicamente sustentable, compartirás con otros voluntarios y con expertos que viven en la reserva, pues instituciones como la UNAM y Wildlife Service tienen aquí centros de trabajo. Cuidarás a las guacamayas, prepararás sus alimentos y observarás su conducta para estar seguros de que están listas para volver a la selva. Asimismo, puedes impartir clases entre los habitantes veracruzanos: enseñarles a cuidar de sus tierras y del ecosistema que todos compartimos. El simple hecho de mirar a una guacayama en plena libertad, sus rojas plumas resplandeciendo contra el azul del cielo, te harán saber que tu labor es invaluable.

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