En 1995 la ONU dio nombre a la lucha de la sociedad por un trato igualitario para hombres y mujeres (Conferencia Mundial de las Mujeres, Beijing), sin embargo,  el empoderamiento femenino ya existía; gracias a mujeres que se enfrentaron a los prejuicios de su tiempo, dejando precedentes que han derivado en legislaciones y apertura de espacios.

 

El 31 de diciembre de 1955, Marilyn Monroe consiguió lo que fue denominado por los veteranos de la escena como “uno de los triunfos más grandes jamás ganados por un actor”. Un contrato revolucionario con la Twentieth Century Fox que le otorgaba un aumento de salario así como libertad para elegir proyectos y directores; en pocas palabras: control creativo sobre su carrera e imagen.

Actriz y figura esencial de la cultura popular del siglo pasado, Monroe fue una embajadora de la lucha feminista.

A pesar de que muchos podrían opinar que su imagen reforzaba estereotipos de género, sus pensamientos recogidos en poemas, notas íntimas, cartas y entrevistas la desvelan como alguien inteligente, capaz, sensible y determinada a ser reconocida por sus capacidades y no por su atractivo físico:

“No es un asunto de dinero sino de la defensa de mis derechos humanos. Estoy harta de que me conozcan por mis formas, quiero demostrarles que soy capaz de actuar; y de actuar bien.”

Ya fuera tomando clases de historia y literatura en la UCLA (Universidad de California en Los Ángeles) o de actuación con el aclamado director Lee Strasberg, Marilyn persiguió la perfección de su arte y el reconocimiento como ser humano y artista más allá de su sexo.

Transgresora, fuerte, apasionada: así fue Marilyn Monroe.

 

“Si hubiera observado las reglas jamás habría llegado a ninguna parte”

 

Vidas como esta son las que nos inspiran en Nomad Republic para realizar programas de voluntariado en favor del empoderamiento de la mujer. Si quieres conocerlos explora nuestra página y ¡únete a la tribu!